Tu carta, en una hoja de cálculo
Lo que compras con su unidad y su precio, lo que vendes con su precio, y qué lleva cada platillo. Es lo único que cuesta días, y lo puedes ir haciendo desde hoy aunque no tengas ni las mesas.
De antes de comprar el primer aparato a tu primera semana operando. No te decimos cómo sacar tus permisos ni cómo escoger local: de eso no sabemos. Esto es lo otro.
Ninguna cuesta dinero, y las tres deciden qué compras después.
Lo que compras con su unidad y su precio, lo que vendes con su precio, y qué lleva cada platillo. Es lo único que cuesta días, y lo puedes ir haciendo desde hoy aunque no tengas ni las mesas.
No es organigrama, es qué aparatos necesitas. Quien cobra necesita la tableta de caja; los meseros usan su propio teléfono; cocina necesita una pantalla en la pared.
Fibra con respaldo 4G que cambie solo, y WiFi verificado en todas las mesas, no en la barra. Es el gasto más rentable de la lista.
Los aparatos son tuyos: los compras y se quedan contigo. Nosotros no vendemos equipo y no respondemos por él, y por eso el precio del servicio es el que es. Aquí no hay precios a propósito: cambian, y una guía con precios viejos es peor que una sin ellos. Pide tres cotizaciones de cada cosa.
A tus meseros no les compras nada. Usan su propio teléfono, entrando a una dirección. No hay aplicación que instalar ni tienda por la que pasar.
Todo esto son minutos. El sistema te lleva: al entrar por primera vez, tu panel te enseña esta misma lista y cada paso te dice qué se enciende al terminarlo.
Dos pantallas. Te pide la ubicación del local estando ahí, para dibujar el área donde cuentan los fichajes. Arranca tu prueba de 30 días y no se te pide tarjeta.
Empieza por quien abre y quien cobra. Tú nunca pones la contraseña de nadie: sale un enlace por persona y cada quien pone la suya.
Cuatro dígitos, desde su propio teléfono. Nadie más los ve, ni tú. Es lo que hace que un fichaje pruebe quién fichó.
Pegas tus listas y antes de guardar le das a Revisar: te dice qué entendió y qué renglón no pudo leer, con su número. Con esto ya cobras y ya ves tu venta del día.
El mismo día o dos semanas después. Es lo que enciende tu costo de comida, qué producto se va sin explicación, y qué platillo te deja dinero.
El único paso que no enciende una pantalla: hace que el cierre de cada noche te llegue solo, sin que abras nada. Sin teléfono, esa tarea te salta.
La tableta en su soporte y con corriente, y la terminal de Mercado Pago en modo punto de venta.
No hace falta tenerlo todo cargado para empezar a recibir algo. Esto es lo que ves con cada cosa puesta.
Se dice antes y no cuando pase, porque la primera vez que pasa es cuando alguien decide que el producto no sirve.
Sigues vendiendo en papel con tus talonarios numerados, y tu cajera lo captura después. El sistema tiene una pantalla para eso, te exige la foto del papel, y mide qué parte del día se hizo así. Está contemplado desde el diseño, no es un parche.
Gris no quiere decir que algo esté mal: quiere decir que ese día nadie lo midió. El sistema nunca pinta de verde algo que nadie comprobó, porque un verde que no te ganaste es peor que un rojo: es el que te crees.
Hasta que la terminal se integre, lo que la caja dice haber cobrado con tarjeta no se puede comprobar contra nada. Te lo decimos en pantalla en vez de fingir que cuadra.
Necesita compras registradas para saber a cómo estás pagando de verdad. Cada número te dice cuánta confianza tiene, y un 32% con confianza baja no es lo mismo que un 32% con confianza alta.